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La comodidad llega a los baños.

Los cuartos de baño han sufrido importantes transformaciones en los últimos tiempos. Las duchas están sustituyendo a las bañeras, abordamos de otra forma el problema de almacenamiento, la calefacción de gas ha llegado a este habitáculo. Digamos, que sin menospreciar el diseño, en los baños de hoy prima la comodidad sobre la estética. Esto nos obliga reformar los cuartos de baño más antiguos y planificar de otra manera los de nueva construcción.

Levantarnos de la cama, por la mañana temprano y pasar por la ducha para despejarnos, antes de ir a trabajar, sin necesidad de saltar la pared de la bañera, no tiene precio. Tampoco lo tiene afeitarnos y tener la maquinilla a mano, sin tener que estar escarbando en los armarios del baño.

Hemos convertido los cuartos de baño en un lugar más amigable. Esto no impide que intentemos personalizarlo. Pero como no somos fontaneros, ni interioristas, a veces nuestras ideas requieren de una opinión profesional para saber si son realizables.

El asesoramiento técnico es una de las cualidades que más aprecian las personas que se deciden a reformar el baño. Julio Torre, de Santander, que compró los sanitarios para su baño en Lopsa, una cadena de tiendas de materiales para la construcción de Cantabria, nos cuenta que agradeció el esfuerzo que dedicó el dependiente del establecimiento para intentar aclarar sus dudas sobre los muebles que debía comprar.

Sin duda los baños ya no son lo que eran. No sé si es porque ha cambiado nuestro estilo de vida o porque las viviendas actuales son más pequeñas. Lo cierto es que antes, en las casas y pisos más grandes, solía haber un cuarto de baño para bañarse y un cuarto de aseo, más pequeño, donde efectuábamos el aseo diario. Hoy solemos disponer de una sola habitación para nuestra limpieza personal y queremos que nos resulte cómoda y agradable.

Estos son algunos cambios importantes que se han producido en los baños.

Cambio de bañeras por platos de ducha.

Cuando una persona se va haciendo mayor, una de las cosas que le recomiendan sus familiares es que cambie la bañera por un plato de ducha para evitar accidentes domésticos. La verdad es que seamos jóvenes o mayores, en los pisos se ven cada vez más duchas que bañeras.

En otro tiempo, la bañera era la reina de los baños. El sanitario principal. Pero lo cierto es que a penas se utilizaba. Teníamos un sanitario que ocupaba mucho espacio, pero la mayoría de las veces lo que hacíamos era ducharnos. Era mucho más rápido y ahorrábamos agua. Si alguien, en realidad, utilizaba la bañera, esos eran nuestros hijos cuando eran pequeños. Puede que resulte duro admitirlo, pero la bañera era un armatoste inservible.

Hemos descubierto que los platos de ducha son lugares más seguros. Cuando nos duchábamos en las bañeras, uno de los riesgos que existía era la probabilidad de sufrir un accidente. De resbalarnos al salir o entrar de la bañera. La bañera tiene una superficie cerámica. Si a eso le añadimos la acumulación de agua y los restos de gel, el piso resulta resbaladizo. Aunque hayamos pegado una lámina plástica antideslizante en el fondo, el riesgo continúa existiendo.

La superficie de los platos de ducha es más confiable que las bañeras. Esto se debe a que los materiales que se emplean en su fabricación (resinas, piedra, acrílico) son menos resbaladizos, y a que la leve inclinación que tienen hacia el desagüe, evita que se acumule el agua.

Por otro lado, para entrar y salir de la ducha, no tenemos que levantar la pierna. Tan solo hay que subir un pequeño escalón y, a menudo, ni eso. Ya que muchas duchas están instaladas a ras del suelo.

Estamos resolviendo los problemas de almacenamiento.

Es increíble la cantidad de objetos de aseo personal que necesitamos tener a mano en un baño. No basta con tener una pastilla de jabón en el lavabo y una botella de gel y otra de champú en la bañera.

Necesitamos tener las toallas, el suavizante para el cabello, el papel higiénico, la pasta de dientes, el cortaúñas, el cepillo dental, la pasta dentífrica, el enjuague bucal, el peine, el sacador, la pinzas para el pelo y me dejo un montón de cosas.

Antes lo habitual era tener un armario con un espejo encima del lavabo y algunas repisas pequeñas esparcidas por el cuarto. En realidad, esto no te resolvía nada. Podías tener a tu alcance algunos artículos, los más utilizados. El resto de productos los guardabas por toda la casa.

Cada vez que te ibas a duchar, tenías que ir a la habitación y coger una toalla limpia. Los pequeños electrodomésticos de baño se guardaban en algún lugar donde hubiera espacio. En el sitio más insospechado. He llegado a ver secadores para el pelo guardados en el aparador de un recibidor.

La gente nos hemos hecho conscientes de este problema y lo estamos intentando resolver con soluciones prácticas e ingeniosas. La revista de decoración Mi Casa nos habla de los lavabos integrados en muebles de baño con grandes cajones. Una de las opciones más utilizadas.

Todavía está en nuestro recuerdo los lavabos colocados sobre un pie cerámico, como si fuera todo una pieza. Esta opción se ha quedado desfasada. Hoy los lavabos están integrados en un mueble de madera. Esto los hace más prácticos. Bajo el lavabo tenemos dos cajones de gran capacidad, en donde podemos guardar todos los útiles que necesitemos.

De esta forma ganamos espacio. Podemos colocar espejos clavados a la pared, sin que formen parte de ese incómodo armario mural que parecía que se precipitaba sobre nuestra cara cuando nos lavábamos los dientes.

En ocasiones, los cajones de los muebles modernos de baño tienen un hueco que permite tener el secador para el pelo enchufado en todo momento.

Desde luego, con más estilo, los muebles de baño actuales recuerdan los bancos de trabajo de los talleres. Con estos comparten problemáticas similares. Son lugares reducidos donde necesitas tener herramientas y útiles a tu alcance, y no te interesa perder el tiempo en buscarlos.

La desaparición del bidet.

Un artículo publicado en el periódico digital El Confidencial informa que el bidet ha desaparecido prácticamente de los baños. Su presencia es cada vez más escasa y algunas marcas de sanitarios han prescindido de fabricarlos.

El bidet era un pequeño lavabo bajo, con desagüe y suministro de agua, que se utilizaba para higiene íntima femenina. Es un mueble de origen francés. Bidet significa “caballito” y vive su periodo de gloria en la corte de Luis XV, en la Francia del siglo XVII.

Por aquella época, las prostitutas de París, lavaban sus genitales sentándose sobre una palangana antes y después de cada servicio. A la corte francesa del momento, famosa entre otras cosas por su promiscuidad sexual, pronto llegó esa idea haciéndola más sofisticada.

Las aristócratas encargaban a los artesanos que fabricaran palanganas de cerámica, que colocaban sobre un mueble con forma de silla invertida, en el que se sentaba la dama para asearse. La aristócrata se acomodaba sobre aquel aparato, con las piernas abiertas, en una posición parecida a la que adoptaría si se montara sobre un caballito de juguete. De ahí, el nombre que recibe este sanitario.

El invento cuenta desde un principio con la desaprobación total de la iglesia, tanto católica como protestante, lo cual no impide que nobles y reinas de toda Europa encarguen la fabricación de este mueble a los artesanos. Aún podemos ver el bidet de María Carolina de Austria, reina de Nápoles y Sicilia entre 1768 y 1714, en el Palacio de Caserta, en la ciudad de Nápoles.

Después de la segunda guerra mundial, con la instalación de tuberías de plomo en todas las viviendas, el bidet se convirtió en un sanitario habitual en los baños de todo el mundo.

En la actualidad, el aseo íntimo se suple perfectamente en la ducha, lo cual hace que el bidet sea un sanitario que apenas se utiliza y que, además, ocupa espacio.

Calefacción central en el baño.

Los baños son lugares fríos, sobre todo en invierno. Esto hace que su aclimatación sea un problema que han arrastrado desde siempre. La de resfriados que deben haber cogido nuestros abuelos después de haber salido de la bañera.

Piensa que para poder limpiarlos a fondo, las paredes y el suelo del baño están cubiertos de azulejo. La porcelana ya de por sí es fría. Para bañarnos tenemos que desnudarnos por completo. Tras haber rociado nuestro cuerpo con agua caliente, salimos al llano del cuarto, cubierto por una toalla, que nos seca el agua, pero no nos da calor.

Nuestros padres resolvían la situación colocando un radiador eléctrico orientado a la bañera. Esto era algo altamente peligroso. El contacto de las resistencias eléctricas con el agua podría llegar a producir un incendio. Para evitarlo, el radiador se colgaba a la pared a una distancia considerable, lo cual dificultaba calentar la dependencia.

Sin duda, la instalación de calefacciones con circuitos de agua caliente por toda la casa ha hecho más acogedor la estancia en el baño.

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