La realidad de los alimentos que tiramos a la basura

8 octubre, 2019
La realidad de los alimentos que tiramos a la basura

En los últimos años ha habido una gran concienciación por llevar una dieta más saludable, alejada de los alimentos prefabricados, y en la que las frutas, verduras y alimentos naturales sean la base de una dieta sana y equilibrada. Y podemos decir que hemos hecho avances en este sentido, pero hay algo más.

Lo cierto es que cada vez es más fácil ver productos naturales en las tiendas, pues existe un sector de la población que requiere de este tipo de productos. Existen ciertas personas que no compran productos que no sean ecológicos, o naturales, aunque esto se haya ofrecido toda la vida.

Existen empresas que no han querido comprometer la calidad de sus productos introduciendo componentes químicos innecesarios. Es el caso de Hida, que desde 1954 ofrece la mejor calidad en sus productos, aunando innovación y tradición para hacer llegar hasta cada hogar tomate frito casero, relleno de empanadillas, salsas caseras para pastas y otras conservas vegetales que hacen nuestra vida un poco más sencilla.

Y a pesar de los avances en este sentido, queda un gran problema, el de la comida que tiramos a la basura. Es muy triste ver la cantidad de comida que malgastamos y tiramos sin aprovecharla adecuadamente, y esto no solo perjudica nuestros bolsillos, sino al medio ambiente ya que lo estamos explotando para luego no utilizarlo adecuadamente. A continuación vamos a ver cómo podemos aprovechar mejor los alimentos.

Parte de la solución está en mirar mejor la fecha de caducidad

Los españoles tiramos un tercio de los alimentos que se producen, un total de 7,7 millones de toneladas cada año, según la Organización de Consumidores y Usuarios. Gran parte de este desperdicio se debe a que las grandes cadenas alimenticias se ven obligadas a quitar de la circulación alimentos que superen tanto la fecha caducidad como la fecha de consumo preferente.

Según la legislación española (Real Decreto 1334/1999), en todo producto alimenticio debe figurar la “fecha de duración mínima o la fecha de caducidad”. Además, la normativa establece que si el consumidor adquiere un alimento pasado de fecha, tiene derecho a sustituirlo por otro cuya fecha de caducidad no haya pasado.

Parece lógico pensar que gran parte de esa comida se encuentra todavía en condiciones de ser aprovechada, así que el dilema ante las fechas abre un debate en el hogar: ¿realmente se estropea la comida o no pasa nada por consumirla después de la fecha indicada?

Y es que nos equivocamos al interpretar las etiquetas de los envases por los distintos significados de las etiquetas de “fecha de caducidad” -la fecha límite- y “fecha de consumo preferente” -la fecha recomendada-. Estas etiquetas se refieren a cosas diferentes y el consumidor suele desconocerlo, por lo que se genera una confusión entre lo que es comestible y lo que no. La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) que por fecha de caducidad “se entiende que un producto no se debe ingerir a partir de la misma con el fin de evitar eventuales problemas sanitarios”. E n cambio, si los alimentos son de mayor duración, en el envase aparecerá la fecha de consumo preferente, que “indica que su contenido, después de ese día, ya no ofrece toda su calidad al consumidor”.

La duración de un producto no puede ser matemática porque no solo depende de su elaboración, sino de las condiciones a las que pueda enfrentarse en el transporte, almacenaje, en la tienda, y en hogares del consumidor. Pero ningún alimento dura para siempre, y son las empresas las responsables de determinar la vida útil de un producto.

Las compañías fabricantes, tras realizar los estudios y análisis que están obligadas a realizar, se aseguran siempre de fijar la fecha al menos varios días antes de que el producto ya no sea seguro, estableciendo cada fabricante el margen de seguridad que desee y asegurándose así de que se consume mucho antes de que no sea comestible.

Si un producto tiene una fecha de caducidad o consumo preferente en el paquete, los consumidores debemos atenernos a ella para determinar cuándo usarlo o congelarlo. Pero una vez pasado ese tiempo, hay alimentos que se pueden seguir consumiendo: dependiendo del tipo de fecha al que se refiera el producto, podremos hacerlo o no.