Hay muchas pruebas que pueden demostrar que la relación que tenemos con nuestros vecinos es fantástica. La ausencia de problemas y discusiones es la primera, por supuesto, pero hay relaciones vecinales que van mucho más allá de eso y que son mucho más bonitas. Tengo la suerte de formar parte de una comunidad de vecinos en la que podemos presumir de alguna de ellas y ese es el motivo por el que estoy aquí: para contárosla y para deciros que sí, que la relación con las personas de nuestra comunidad de vecinos puede ser perfecta y ser guiada por valores como el respeto mutuo y la diversión.
Hace algunos años, cuando mi mujer y yo nos casamos, decidimos comprar una vivienda en la localidad de la que hemos sido siempre, en el sur de la Comunidad de Madrid. Ya sabéis que, en una zona como lo es esa, la vivienda vertical es la más habitual y que, por tanto, existen miles y miles de comunidades de vecinos. Por supuesto, este fue nuestro caso. El piso que compramos estaba en una de ellas y empezamos a residir en él, como os decía, poco después de contraer matrimonio. Tengo que reconocer que estaba bastante asustado: cuando vivía con mis padres siempre lo había hecho en una vivienda unifamiliar y no sabía cómo iba a desarrollarse esta nueva experiencia.
Desde el primer momento, fuimos acogidos con mucho cariño por parte de las familias que ya residían en dicha comunidad de vecinos. Y pronto cogimos mucha confianza con ellas. No tardamos demasiado en organizar planes tanto dentro de la comunidad (tenemos piscina y pista de tenis, así que, cuando llegó el buen tiempo, las personas que somos deportistas podíamos quedar en estas zonas comunes) como fuera de la misma (empezamos a coger la costumbre de tomar algo en un bar cercano los jueves por la noche). Todo esto nos hizo pensar tanto a mi mujer como a mí que teníamos una calidad de vida que nos merecíamos y que queríamos conservar.
La confianza que cogimos entre todos fue creciendo a medida que pasa el tiempo, algo perfectamente lógico cuando pasas tiempo con las personas y empiezas a conocerlas mucho más de cerca. Como consecuencia de eso, los planes que fuimos elaborando fueron mucho más allá de salir los jueves a tomar algo. Comenzaron las excursiones a la sierra, las quedadas para ir al cine y otras tantas cosas más. Y, un buen día, a alguien se le ocurrió la posibilidad de que hiciéramos un viaje de varios días juntos. En ese preciso momento, supimos que era algo que nos podría proporcionar mucha diversión y que, a buen seguro, iba a reforzar la relación entre los vecinos mucho más de lo que ya estaba.
La verdad es que todos y todas nos lo tomamos muy en serio y, apenas un par de días después de la propuesta, empezamos a sondear destinos (¡incluso llegamos a organizar una especie de junta extraordinaria!). El momento del año en el que queríamos marcharnos era la Semana Santa porque era cuando podíamos realizar el viaje la mayoría de las familias de la comunidad. Intentamos huir de los destinos en los que supiéramos que las procesiones colapsan las ciudades y surgieron dos de los viajes que hay que realizar, como mínimo, una vez en la vida: las Islas Baleares o las Islas Canarias. Como ya supondréis, nos encantaba el sol, la playa y un buen clima.
La propuesta que salió vencedora fue la de las Islas Canarias, en concreto la isla de Tenerife. Es una propuesta que siempre resulta atractiva por el hecho de que puedes disfrutar de un clima perfecto y estás rodeado de naturaleza. Porque Tenerife no solo es sol y playa, también dispone de una serie de rutas que son muy curiosas, tiene una flora y una fauna muy características y, cómo no, también dispone del Teide, al que por supuesto queríamos subir. Muchas veces se tiende a pensar en las Canarias como un paraíso por su clima, pero la verdad es que encierra muchas más cosas de las que se puede disfrutar.
Cada una de las personas que venían al viaje a Tenerife que preparamos en mi comunidad de vecinos para Semana Santa destacaba una cosa de la isla: se destacaban las playas, varios planes de aventura, las tradiciones de la zona, la gastronomía canaria… y obtuvimos más información gracias a Wavvy Club, cuyos empleados organizan no solo las experiencias que todo el mundo busca en Tenerife, sino también otras como surf, aventuras acuáticas, escapadas al aire libre… ¡o hasta incluso yoga! Cada vez teníamos más claro que íbamos a tener una experiencia inolvidable que iba a reforzar la buena relación que estábamos construyendo en nuestra comunidad de propietarios.
La realidad fue exactamente como nos la imaginábamos. Todas las personas que fuimos al viaje lo hacíamos con una cara de ilusión tremenda. De alguna manera, era como cuando realizas una excursión con el colegio, con esas personas con las que compartes el día a día, pero, en nuestro caso, siendo ya mayores. Por supuesto, había vecinos que sumaron a sus hijos al plan y que también esbozaban la mejor de sus sonrisas cuando llegó la hora del despegue del avión. Ya solo con eso sentíamos que había merecido la pena organizarlo todo. Teníamos muchas ganas de llegar a la isla y disfrutar de todos los planes que habíamos estado preparando.
Disfrutamos absolutamente de cada minuto que pasamos allí. Estuvimos un total de 5 días: desde el Jueves Santo hasta el Lunes de Pascua. La verdad es que fue una experiencia increíble. Pudimos disfrutar de un montón de actividades: subimos al Teide, hicimos rutas en barco, algo de surf para principiantes, comimos de lujo, por las noches tomábamos algo en alguna terraza junto a la playa… Fueron 5 días que nos sirvieron para desconectar de una manera tremenda y que todas y cada una de las personas que fuimos agradecimos. Como no podía ser de otra manera, el viaje también sirvió para que reforzáramos los vínculos que nos unen y que son claves para la convivencia en nuestro edificio.
¿Quién no iba a querer visitar Tenerife en un momento durante la Semana Santa?
La verdad es que son muchas las familias que suelen apostar por un viaje como el que hicimos nosotros. Y es que el binomio entre Tenerife y Semana Santa llama mucho la atención de la gente. Tened en cuenta que, para las personas que vivimos en cualquier otra zona de España, la Semana Santa es un momento en el que ya nos apetece disfrutar del buen tiempo y dejar atrás los duros momentos del invierno. Es normal, entonces, que veamos en las Islas Canarias un buen lugar en el que disfrutar de ese buen clima y de todas las actividades que están asociadas a una zona como de la que estamos hablando.
De acuerdo con una noticia publicada en la web del diario El Día, la ocupación hotelera en Tenerife ya alcanzaba el 80% para la Semana Santa. Se trata de una información del día 9 de abril, una semana antes de que llegara dicha festividad y, casi con total seguridad, el porcentaje terminó siendo más alto de lo que se indica en la noticia. Sin duda, Tenerife es una opción que siempre se tiene en cuenta para cuando llega una época del año como de la que estamos hablando, así que siempre será interesante que os planteéis una opción como esta si todavía no conocéis la zona.
En otra noticia que se publicó en la web del Diario de Avisos en abril de este mismo año se comentaba que más de 21.100 pasajeros en 10 cruceros iban a recalar en Santa Cruz de Tenerife a lo largo de la Semana Santa. Es otra forma de disfrutar de unas más que merecidas vacaciones. Es verdad que no fue nuestro caso, pero lo cierto es que muchos de los turistas que visitan Canarias llegan en cruceros y que esto es muy importante para que la economía de los comercios de la zona siga siendo competitiva. Lo mejor de todo para los comercios canarios es que esto es algo que es habitual desde Semana Santa hasta bien entrado el otoño.
Ya habéis visto que nuestra experiencia organizando viajes con los vecinos ha sido muy buena. Y siempre es una gran noticia tener esa relación que nosotros mantenemos con los nuestros. Si vivís en una comunidad de vecinos podéis intentar hacer lo mismo o algo parecido. Incluso, en caso de que residáis en una vivienda unifamiliar, podéis intentar algo de este estilo con el resto de vecinos de vuestra calle. A fin de cuentas, es algo que juega en favor de la socialización y de la cordialidad. El objetivo es convertir a vecinos que hasta hace un tiempo eran desconocidos en amigos. Y nadie puede perder cuando hace nuevas amistades con personas que se encuentran tan cerca de ellos y ellas.