Toda vivienda cuenta con partes esenciales sin las cuales no se puede vivir. Desde las paredes, el techo y el suelo, todo lo que contienen está ahí para facilitar la vida. No se puede vivir sin red eléctrica y, mucho menos, sin tuberías, grifos y, en definitiva, todo lo relacionado con la fontanería. Estamos tan acostumbrados a estas comodidades que nos pasan desapercibidas hasta que surge un problema.
Sin embargo, de que la fontanería funcione como es debido depende del suministro de agua potable, de que funcionen bien los baños y las cocinas, de la evacuación de las aguas residuales y, en muchos casos, de la calefacción y del agua caliente sanitaria.
Ya que no le concedemos la necesaria importancia a esta parte esencial de las viviendas, vamos a aprovechar este artículo para conocer la fontanería doméstica, los trabajos que incluye y cuándo es necesario recurrir a un profesional para prevenir (o arreglar) averías, evitar gastos innecesarios y mantener el hogar en el mejor estado.
La fontanería doméstica es el conjunto de instalaciones, sistemas y trabajos que se relacionan con el uso, la distribución y la evacuación del agua dentro de las viviendas. Abarcar el suministro de agua fría y caliente, junto a la retirada segura de las aguas residuales. Dentro de la fontanería doméstica, se incluye la instalación inicial de las tuberías y su mantenimiento, su reparación o la sustitución de elementos esenciales como grifos, inodoros, calderas o bajantes. En las viviendas unifamiliares y los pisos, la fontanería tiene que cumplir con una normativa específica que garantice la higiene, la seguridad y la eficiencia.
A diferencia de la fontanería industrial o comercial, la fontanería de las viviendas está pensada para soportar un uso cotidiano con un consumo menor pero continuado, lo que hace que el mantenimiento preventivo sea de gran importancia.
Sistemas que requieren un servicio de mantenimiento
Como hemos dicho al empezar, no le damos importancia a la fontanería, lo que nos convierte en ignorantes al respecto y nos hace acudir a los que sí saben. Nos hemos puesto en contacto con Aranda Mantenimientos, con más de veinticinco años de experiencia y con una formación intensa, especialización y el mejor grupo de profesionales de cada sector, para que nos hablen de la fontanería de las viviendas.
Existen dos tipos de sistemas que sí o sí necesitan un mantenimiento de fontanería: el sistema de suministro de agua y el sistema de desagüe y evacuación.
El primero de ellos es el sistema que se ocupa de llevar el agua potable a todos los puntos de la vivienda. Es decir, cocina, baños, lavadora, lavavajillas, termo o caldera. Funciona mediante presión y se divide en dos circuitos: el de agua fría y el de agua caliente sanitaria. Una instalación correcta evita que se produzcan pérdidas de presión, fugas ocultas y problemas de temperatura. En las viviendas antiguas es muy habitual encontrarse con tuberías deterioradas que necesitan ser sustituidas para evitar que se produzcan averías.
Los sistemas de desagüe y evacuación son los que se encargan de retirar las aguas utilizadas mediante la gravedad y la ventilación. En ellos se incluyen sifones, bajantes y tuberías de desagüe. Una mala instalación o la falta de un mantenimiento adecuado suele provocar atascos, malos olores o filtraciones.
Cuando se producen problemas recurrentes, lo más habitual es necesitar un servicio de desatascos domésticos o de revisión completa de la instalación.
Un servicio de fontanería doméstica incluye una amplia variedad de servicios, dentro de los cuales son más habituales la instalación de los grifos en cocinas, baños y lavaderos; la instalación de inodoros y sanitarios; la instalación de agua potable en las nuevas viviendas o en las reformas; la instalación de bajantes y sistemas de evacuación; la instalación de termos eléctricos o acumuladores; y la instalación de calderas y sistemas de calefacción doméstica.
Cada uno de estos servicios y trabajos se tiene que llevar a cabo siguiendo la normativa correspondiente para evitar que se produzcan problemas en el futuro y garantizar que el sistema va a funcionar de forma correcta.
Entre las reparaciones que lleva a cabo la fontanería doméstica y una de las razones más frecuentes para solicitar los servicios de un fontanero, encontramos la reparación de fugas visibles u ocultas; la localización de fugas de agua sin que haya que realizar obras innecesarias; la sustitución de piezas defectuosas en los grifos o las cisternas; la reparación de calefacciones y circuitos de agua caliente; y la reparación de bombas de calor que se asocian al sistema hidráulico.
Una fuga pequeña que no se repara como es debido puede derivar en daños estructurales de mayor gravedad y producir un aumento notable en la factura del agua.
El mantenimiento es esencial en la fontanería doméstica, por lo que incluye las revisiones periódicas de tuberías y conexiones, el mantenimiento de calderas para asegurar su eficiencia y seguridad, la limpieza de desagües y sifones y la inspección de aljibes. Este tipo de mantenimiento básico reduce la posibilidad de que se produzcan averías graves y prolonga la vida útil de las instalaciones.
Problemas frecuentes en la fontanería de las viviendas
Dentro de la fontanería doméstica, los problemas que se producen con mayor frecuencia son los grifos que gotean, las bajadas de la presión del agua, los atascos en fregaderos, duchas o inodoros, las humedades a causa de las fugas ocultas, los malos olores que proceden de los desagües y las averías que se producen en los termos y las calderas. Cuando estos problemas se repiten continuamente o no tienen una solución fácil, lo más aconsejable es contar con un servicio de fontanería para evitar que una mala reparación acabe empeorando la situación.
Hacer un buen uso y mantenimiento de la fontanería del hogar ayuda a prevenir las temidas averías, prolongar la vida útil de las instalaciones y evitar gastos innecesarios, por lo que no está de más seguir algunos consejos como los que vamos a proporcionar a continuación para cuidar de la instalación y detectar a tiempo los problemas.
Revisar de forma periódica los grifos y las conexiones visibles, como los grifos, latiguillos y llaves de paso. Un grifo que gotea o una llave mal ajustada puede parecer un problema menor, pero a la larga supone un desperdicio de agua y daños a las instalaciones.
Evitar los atascos poniendo atención a lo que se tira por el desagüe. Muchos atascos se producen por un mal hábito. No hay que tirar restos de comida, grasas, aceites, toallitas o productos de higiene por el fregadero o el inodoro. Utilizar filtros en los desagües y limpiar los sifones de forma regular reduce este tipo de problemas.
Controlar la presión del agua. Una presión excesiva puede acortar la vida útil de las tuberías, los grifos y los electrodomésticos. Si se notan ruidos, golpes o fugas recurrentes, puede ser necesario que se instale o revise un regulador de la presión para proteger la instalación.
No hay que ignorar los cambios en el color, olor o sabor del agua, ya que el agua turbia o un sabor metálico puede indicar corrosión interna, sedimentos o problemas de otro tipo en la instalación. Ante cualquiera de estas señales, es conveniente revisar la fontanería antes de seguir consumiendo el agua de forma habitual.
Llevar a cabo el mantenimiento preventivo correspondiente en calderas y termos. Los sistemas de agua caliente necesitan revisiones periódicas para garantizar su correcto funcionamiento y que sean seguros. Un mantenimiento adecuado mejora el rendimiento, reduce las averías y prolonga la vida útil de las calderas y los termos domésticos.
Actuar con rapidez ante cualquier fuga, por pequeña que sea. Una pequeña humedad o mancha en la pared, el techo o el suelo puede ser sinónimo de una fuga interna que está oculta. Cuanto antes se localice y se repare, menor será el daño estructural producido y el coste de la reparación.
Algunas tareas básicas de mantenimiento se pueden realizar en casa sin mayor problema, pero cualquier intervención que implique tuberías, presión de agua o sistemas de calefacción debe ser llevada a cabo por profesionales. Una reparación mal hecha puede convertirse en un problema mayor a medio plazo.
Las situaciones que no pueden esperar a un buen servicio de fontanería son las fugas importantes con riesgo de inundación, los inodoros o desagües completamente bloqueados, la rotura de una tubería principal o los fallos graves de las calderas en invierno.
Por otro lado, cabe señalar que una instalación de fontanería que ha sido bien diseñada no solo evita que se produzcan problemas como los citados, sino que al mismo tiempo supone una mejora en la eficiencia: reduce el consumo de agua, mejora el rendimiento de los termos y calderas, produce menos averías y proporciona mayor confort en el uso diario. Actualizar las instalaciones más antiguas, cambiar las tuberías obsoletas o mejorar el sistema de calefacción son inversiones necesarias que se amortizan con el tiempo.
La fontanería doméstica es indispensable para garantizar el confort y la seguridad de las viviendas. Desde el suministro adecuado de agua hasta la correcta evacuación de los residuos, pasando por la calefacción y el mantenimiento preventivo, su correcto funcionamiento evita problemas, gastos y situaciones de emergencia.